EL TÓPICO: HITO Y LUGAR DE ENCUENTRO EN LA TRADICIÓN.

Quien hable de Horacio difícilmente podrá soslayar su “Beatus ille”: con sólo mencionarlo, evocamos a todos cuantos alguna vez suspiraron y suspiran por ese retiro reparador en el pueblo.
Beatus ille qui procul negotiis,
ut prisca gens mortalium
paterna rura bobus exercet suis,
solutus omni faenore,
neque excitatur classico miles truci
neque horret iratum mare,
forumque vitat et superba civium
potentiorum limina.
HORACIO: Épodo II
Afortunados aún más los que cuenten entre sus preferencias con el entrañable Fray Luis de León, en quien nada pudieron las intrigas de sus enemigos («… decíamos ayer…«), pues, además, degustarán esta efusión del alma en dulce y armonioso castellano.
Hagamos una incursión en la cocina del agustino; partiendo del ingrediente original latino, vayamos a la traducción literaria:
Dichoso el que de pleitos alejado
cual los del tiempo antigo,
labra sus heredades no obligado
al logrero enemigo.
Ni el arma en los reales le despierta,
ni tiembla en la mar brava,
huye la plaza y la soberbia puerta
de la ambición esclava.
Traducción de Fray Luis de León del Épodo II
La comparación de dos elementos cualesquiera, latino y castellano, deleita e ilumina.
Casi al azar: «[… ] solutus omni faenore[…]» queda repartido en dos versos y enriquecido así: «[…] no obligado/al logrero enemigo.» De algún modo, esta discreta sobreabundancia compensa la relativa sensación de encogimiento que, justo antes, puede producir el paso del grupo «paterna rura» a «heredades». (Encogimiento de caudal, que no semántico: la idea de transmisión, continuidad de padres a hijos está garantizada por la afortunada elección léxica.)
Igual de equilibrada es la mezcla de fidelidad -casi literalidad- y originalidad en la traducción de los dos últimos versos del fragmento; de «forum» a «plaza» hay poco trecho y «superba» se mantiene incólume en «soberbia», pero «potentiorum» es elevado a «de la ambición esclava» (y el adjetivo puede concordar con «puerta» o con «ambición» según guste el lector-intérprete).
Siguiendo el camino, llegamos al “Elogio a la vida solitaria”:
¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruïdo,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido;
Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio Moro, en jaspe sustentado!
Fray Luis de León: Elogio de la vida solitaria.
Admiramos aquí el incremento de espiritualidad y misticismo: «labrar los campos paternos» = «seguir la escondida senda». El asceta.
Y, cómo no, la riqueza sensorial de los tres últimos versos. Donde Horacio usó el poder elíptico y sugerente de la metonimia («superba […] limina»), Fray Luis nos evoca una cúpula de Samarcanda o la Mezquita de La Roca de Jerusalén. Tampoco me desagrada un artesonado mudéjar hispano. El pintor.

Original, traducción, versión…
En los tres pasos de este recorrido centrífugo y espiral se expresa de manera ejemplar el tratamiento que los tesoros de la tradición merecen y el valor añadido con que la aportación personal sazona y revitaliza las viejas palabras. ¡Así que esto era lo de «vino viejo en odres nuevos»!