
El vals se define como danza de origen popular caracterizada por un movimiento de rotación combinado con otro de traslación (en alemán, el verbo walzen significa «girar»). Tiene su origen en bailes populares de, al menos, el siglo XII. Sin embargo, se populariza en el XVII entre las clases humildes del campo y los suburbios y alcanza los salones aristocráticos. Al igual que ocurrió luego con el tango, pronto fue detectado por quienes, en su opulencia, necesitaban una transfusión de placer puro y atrevido.
Es la danza que los discapacitados coreográficos elegiríamos para bailar por nuestra vida a la desesperada el día del juicio final. Y, sin embargo, nos equivocaríamos: la armonía de las esferas no está al alcance de cualquier patoso.
Dijo un cínico que “danza” es “expresión perpendicular de un deseo horizontal”. Sin duda, tal generalización es gratuita. El baile quintaesencia y encarna lo que llevemos dentro: sea pasión, tragedia, reventón de vida o, como aquí, deliciosa y elegante armonía. Aspiración de ingravidez.
Dice Paul Nettle1:
«El vigoroso bailarín campesino, siguiendo un conocimiento instintivo del peso de la caída, utiliza su energía sobrante para presionar toda su fuerza en el ritmo propio del compás, intensificando así su disfrute personal en el baile. «
Esto sí que es física recreativa.
- «El nacimiento del vals». En Dance Index vol 5, nº 9. 1946 Nueva York: Dance Index-Ballet Caravan, Inc. páginas 208, 211 ↩︎